Cómo evitar que una reunión difícil contamine tus siguientes decisiones

La agenda de un gerente general es una cadena de conversaciones: la reunión diaria de coordinación, la reunión semanal del equipo de liderazgo, un cliente, el directorio, alguien del equipo que espera una decisión. El calendario las separa con precisión. La mente, no.

Sales de una reunión tensa y entras a la siguiente con parte de tu atención todavía en la anterior. La investigadora Sophie Leroy llamó a esto “residuo de atención”: cuando cambiamos de actividad sin haber cerrado la anterior, una parte de nuestra capacidad mental sigue ocupada en ella, y rendimos peor en lo que viene.

Para quien lidera, el costo no se queda en uno. El residuo viaja a la conversación siguiente. Escuchas menos, lees una pregunta neutra como crítica y das la solución en vez de abrir la discusión. Es la reacción automática tomando el control sin pedir permiso. Y como el CEO marca el tono, el equipo termina absorbiendo la tensión de una reunión en la que ni siquiera estuvo.

En una empresa que escala, esto se multiplica. Más equipo, más reuniones, más decisiones por día. Si cada transición arrastra lo anterior, la calidad de las decisiones se degrada a lo largo de la jornada sin que nadie lo note, incluido tú.

Primero, el diseño

Muchas reuniones dejan residuo porque están mal diseñadas: sin propósito claro, sin decisiones explícitas, sin responsables. Eso se resuelve con un buen ritmo de reuniones, no con respiración consciente. Una reunión que termina con quién hace qué y para cuándo deja mucho menos abierto en la cabeza de cada participante.

Pero incluso con un ritmo bien diseñado habrá reuniones difíciles. Ahí entra una capacidad que se puede entrenar: reconocer qué sigue activo en ti antes de pasar a lo siguiente.

La práctica: uno o dos minutos

Detente. Antes de entrar a la sala o conectarte, haz una pausa breve.

Observa. ¿Qué quedó de la reunión anterior? Un pensamiento que se repite, molestia, tensión en el cuerpo, ganas de seguir defendiendo tu posición.

Distingue. ¿Algo de eso requiere acción? Si la requiere, defínela: qué, quién y cuándo. Anótala y sácala de tu cabeza. Lo que no requiere acción ahora es solo repetición mental.

Elige. Lleva deliberadamente tu atención a la conversación que viene y a su propósito.

No se trata de quedar tranquilo ni de restarle importancia a lo que pasó. Se trata de saber desde dónde entras a la siguiente conversación: desde la reacción a lo anterior o desde la atención a lo que tienes enfrente.

La agenda organiza tu tiempo. Tu estado mental determina la calidad de lo que haces con él.

Esta es una de las capacidades que trabajamos en MindScalers, nuestra iniciativa de mindfulness aplicado al liderazgo en Scaling. Porque para escalar una empresa, no basta con escalar la estrategia. También tienes que escalar tu mente.

                                              Verónica Riera

                                         Coach MindScalers

Tags: